Inhibidores de la corrosión.
La corrosión se define como el deterioro de un material a consecuencia de un ataque electroquímico por su entorno. De manera más general, puede entenderse como la tendencia general que tienen los materiales a buscar su forma más estable o de menor energía interna. Siempre que la corrosión esté originada por una reacción electroquímica (oxidación), la velocidad a la que tiene lugar dependerá en alguna medida de la temperatura, de la salinidad del fluido en contacto con el metal y de las propiedades de los metales en cuestión. Otros materiales no metálicos también sufren corrosión mediante otros mecanismos.
Los inhibidores de corrosión, son productos que actúan ya sea formando películas sobre la superficie metálica, o bien entregando sus electrones al medio.
Los inhibidores de la corrosión pueden ser utilizados como sistemas preventivos o como combinación con sistemas de reparación estructural.
La forma de aplicación más habitual es mediante pulverización, siendo absorbidos por el hormigón y difundiéndose a través de él hasta entrar en contacto con las armaduras de este.
Es importante el tratamiento previo de las superficies o soporte para conseguir una buena acción del inhibidor y de esta forma obtener el mejor resultado de este. Estos soportes deben estar limpios, secos y libres de elementos que rechacen el inhibidor como grasas, aceites, desencofrantes, etc. Los sistemas más utilizados para la preparación de las superficies el chorreo mediante arena o el lavado con agua a presión a más de 200 bares de presión.
En cualquier caso deberán tenerse en cuenta las prescripciones del fabricante en cuanto a uso, condiciones ambientales, normas de seguridad, etc. para conseguir un resultado óptimo. |